LA OBRA DE BARTOLOMÉ MARÍN LLEGA AL MUSEO IBAÑEZ
- PorFundación de Arte Ibáñez Cosentino
- hace 4 semanas

Lugar: Museo Ibáñez
C/. Museo, 7 04860. Olula del Río, Almería
HORARIOS: De martes a sábado de 11 a 14 horas y de 17 a 20 h. Domingo de 11 a 14 horas. Lunes cerrado
Periodo de exposición: Del 31 de diciembre de 2025 al 28 de febrero de 2026
Comisario: Juan Manuel Martín Robles
Produce: Fundación de Arte Ibáñez Cosentino
Organizan: Excma. Diputación Provincial de Almería y Fundación de Arte Ibáñez Cosentino
La pinacoteca olulense muestra todas sus facetas artísticas.
El pasado 31 de diciembre quedó abierta al público en el Museo Ibáñez de Olula del Río la primera gran exposición antológica dedicada a la obra del sacerdote, historiador y pintor albojense Bartolomé Marín Fernández, nacido hace un siglo y fallecido en 2010. La muestra retrospectiva, comisariada por Juan Manuel Martín Robles, exhibe casi un centenar de obras para abarcar la versátil y rica obra del autor, entre dibujos, ilustraciones para revistas, caricaturas, cerámicas y cuadros. Tras su fallecimiento, los herederos depositaron todo su legado en la Fundación Ibáñez Cosentino para ser conservado y estudiado. Esta exposición, a la que sucederá otra en Albox con el grueso de las caricaturas realizadas a lo largo de su vida, se enmarca en los actos de conmemoración del centenario de su nacimiento, incluyendo también dos ciclos de conferencias, uno en Almería y otro en Albox, y la publicación de un extenso volumen con las aportaciones de varios especialistas que han estudiado su vida y obra.
Bartolomé Marín fue un personaje fundamental para la cultura almeriense en las últimas décadas del pasado siglo. Artísticamente vinculado al Movimiento Indaliano, tanto por filiación estética como conceptual, dirigió la Tertulia Indaliana varias décadas, recogiendo en ella el testigo de liderazgo que Jesús de Perceval había abanderado. Durante su supervisión, desfilaron por la Tertulia las personalidades más relevantes del arte y la cultura almerienses, y también todos los forasteros o extranjeros de relevancia del sector que pasaron por Almería. Todos los fines de semana había una crónica sobre la Tertulia escrita por Marín en la prensa almeriense, acompañada por lo general con la caricatura, brillante y certera, realizada por él también, de alguno de los personajes que por ella pasaban. Ello motivó que, al margen de su labor pastoral como sacerdote, la única actividad artística, entre todas las que practicaba, conocida por el gran público fuese la de caricaturista. La exposición ahora realizada remedia este desconocimiento del resto de su producción, mostrando por vez primera un extenso grupo de pinturas, dibujos e ilustraciones.

Su labor cultural no sólo se concentró en la Tertulia Indaliana; sus incursiones en el ámbito de la literatura y el ensayo también fueron notables, llegando a percibir el premio Fernando Rielo por un libro de poesía mística en 1999. Y no puede olvidarse también su labor como profesor y su activa defensa de las artes plásticas realizada hacia compañeros de profesión, apadrinando con su influencia y protegiendo a muchos autores ya consagrados y trabajando para el inicio de las carreras de jóvenes prometedores. Es paradigmático en este aspecto su labor como mentor de Andrés García Ibáñez en sus comienzos, tutelando las primeras exposiciones que realizó en la capital y escribiendo varios textos sobre su obra temprana.

Como dibujante mostró su virtuosismo desde la infancia y varios dibujos en la exposición dan buena cuenta de ello. Como ilustrador, se dedicó principalmente a realizar obras gráficas para las revistas del Seminario y otras publicaciones religiosas, generalmente a tinta, en blanco y negro, mostrando su adaptación al estilo más moderno de su época, de cierta filiación al comic de humor del momento, con una fina y depurada sabiduría estética en los planos y líneas del dibujo. Se exponen muchas de las ilustraciones originales realizadas entonces, desde los años cuarenta, nunca antes mostradas. Como pintor cultivó el bodegón y el paisaje principalmente. En el primero queda evidenciado su enorme interés por la arqueología y lo primitivo, influencia por otra parte habitual en el Movimiento Indaliano. En el segundo, se muestra muy cercano a los pintores indalianos, pero con una personalidad propia, bien clara y diferenciada. Marín tuvo en la pintura de paisaje un interés por la materia densa e informalista, aplicada con espátula en ocasiones, que relaciona su obra con otros autores de la vanguardia española, como Vázquez Díaz, Benjamín Palencia, Godofredo Ortega, Redondela o Jesús de Perceval. Hay una vinculación con lo primitivo, casi rupestre incluso, con la deformación expresionista contenida del paisaje y con los grandes maestros de Quatroccento italiano, principalmente en el uso de los planos de color y el diseño de las figuras que habitan el paisaje. Todo ello queda de manifiesto en el conjunto de obras que realizó sobre las Leyendas de la Virgen del Saliente, acaso su obra más elaborada y que ocupa ya una dependencia en el santuario albojense. En la exposición del Museo Ibáñez se exponen sus paisajes más puros y definitorios de su estilo, que por lo general retratan la aridez y violencia geológica de Almería, centrados en las ramblas albojenses o el desierto de Tabernas.

La exposición muestra también varios retratos que le hicieron otros artistas amigos como López Díaz o Domínguez. Sobresalen, no obstante, las magistrales fotos que Pérez SIquier le tomó en 1972 y en 2000.
La exposición podrá visitarse hasta el 28 de febrero en horario habitual del museo, de martes a domingo. Mañanas de once a dos y tardes de cinco a ocho.

BARTOLOMÉ MARÍN (1925 – 2010)
DIBUJOS, PINTURAS Y CARICATURAS
Bien conocido por su labor pastoral y generosa entrega a los demás, así como por su extensa labor docente y su fundamental aportación a la Cultura almeriense del último tercio del siglo XX, a través de su labor al frente de la Tertulia Indaliana, Bartolomé Marín también fue, en consonancia con su exquisita sensibilidad y como ahora tenemos oportunidad de disfrutar, coincidiendo con las actividades programadas por el centenario de su nacimiento, un excepcional dibujante e ilustrador, un fino caricaturista y un acertado pintor.
De formación autodidacta, de todas las facetas artísticas practicadas por Marín la única conocida por el gran público fue la llevada a cabo como caricaturista. Una faceta de la que disfrutaron los almerienses semanalmente entre 1971 y 1996 con motivo de la publicación en la prensa local de las crónicas de la Tertulia Indaliana. Unos ingeniosos retratos, siempre alejados de la burla fácil, el humor hiriente y la exageración desmedida de los rasgos más acusados del personaje en cuestión.
Bastante menos conocidas son, para la mayoría, sus ilustraciones generalmente realizadas para publicaciones religiosas editadas durante las décadas de 1940 y 1950, y sus dibujos. En ocasiones juveniles ensayos a lápiz en los que son palpables las buenas formas del artista, otros apuntes para obras de mayor envergadura especialmente para trabajos de temática religiosa, o como también tenemos oportunidad de comprobar en esta exposición, obras autónomas e independientes en las que Marín mostrará una cuidada técnica de trazo firme y sutil claroscuro.
Respecto a su pintura, destacar que las obras seleccionadas para la ocasión dan al espectador buena medida del singular figurativismo de Marín y su integración en la pintura figurativa almeriense de los años setenta y ochenta del siglo pasado, con cierto arraigo en lo indaliano. Unas obras en las que queda manifiesto cómo el sacerdote y artista apostó por una figuración de corte expresionista en la que el color y la masa pictórica, generalmente aplicada con espátula, conceden unidad y singularidad a una propuesta estética en la que destacan sus bodegones y sus paisajes. Unas expresivas vistas en las que los abruptos horizontes montañosos del valle del Almanzora, salpicados de blancos cortijos y pequeños oasis de vegetación, recuerdan los lugares transitados por el pintor desde su infancia redirigiendo Marín constantemente su mirada hacia las ramblas de Albox y los paisajes cercanos a su querido Santuario del Saliente.






